La primera vez que vi el verde tan azul de tus ojos sin rumbo a ningún sitio... supe y reafirme que el azul siempre me había parecido un color realmente bonito, reflejado en el cielo y en el mar en calma. Azul con sabor a algodón dulce. Pero lo que no sabía es que el dolor podía tener un color y mucho menos que este pudiera atravesar los cristales de una librería, manifestado en una sonrisa... Par de caras pálidas con brillo en los ojos. Por un segundo me vi de nuevo en ti, volví a imaginarte como no debí imaginarte: una ola enorme de azul turquesa en un amanecer de respiros y aromas dentro de un sueño descansado, descalzo, descarnado envuelto por papel de china azul.
-azul violeta...-
Me duele el color Azul, la imagen sellada, ausente de ti y el pacto de silencio que no se quebrantara. Lo sé, a ti te duele el violeta, ese que te rodeo con abrazos de una manera ruda, sin el menor miramiento. Te duele que no haya resultado amor y si batalla, crimen, castigo. Te duelen los malditos ojos que te hicieron sentir un pinchazo en algún hueco de tu alma, haciendo que te arrastras con ello. Te duele la falta de valor para apenas hablar y tocarte después de haber hurgado y destrozado tu deseo. Te duele el abandono de tus lugares, encuentros, caricias suaves, y palabras cálidas. Te duele que comente en voz alta una felicidad buscando un cigarro, mientras tú callas y no dices nada.
Y lo sé porque a mi también me duele eso...
-azul violeta...-
Me duele el color Azul, la imagen sellada, ausente de ti y el pacto de silencio que no se quebrantara. Lo sé, a ti te duele el violeta, ese que te rodeo con abrazos de una manera ruda, sin el menor miramiento. Te duele que no haya resultado amor y si batalla, crimen, castigo. Te duelen los malditos ojos que te hicieron sentir un pinchazo en algún hueco de tu alma, haciendo que te arrastras con ello. Te duele la falta de valor para apenas hablar y tocarte después de haber hurgado y destrozado tu deseo. Te duele el abandono de tus lugares, encuentros, caricias suaves, y palabras cálidas. Te duele que comente en voz alta una felicidad buscando un cigarro, mientras tú callas y no dices nada.
Y lo sé porque a mi también me duele eso...

La idiotez de mis palabras se conjuga sin mi voz...
ResponderEliminarCruda experiencia la de tus ojos miel y mi impaciencia voraz; perdimos el momento y a cambio se ha impuesto un silencio, si catástrofe silente.
Esto parece que va a cerrarse y yo no quiero que te quedes atrás, pero sé que la lluvia viene y tú no lo harás.